NIEVE EN EL DESIERTO
La nevada del viernes pintó de blanco las montañas de enfrente de mi casa. No me lo podía perder. Las tenía que disfrutar antes que se derritieran en un recuerdo. La duda era, a pie o en bici. Finalmente, el patinete me dio la solución. No era necesario descartar ninguna opción. Podía disfrutar de las dos maneras con el mismo vehículo. El carril bici apuntaba justo hacia mi objetivo. Me encontré una subida por la "mataora" caramelizada por el rigor de la noche. Allá donde expertos y vigorosos btteros no podían continuar, pasábamos nosotros dos, patinete y yo, disfrutando de la sencillez y la espectacularidad del entorno. A veces me pregunto quién saca a quién.