jueves, 11 de octubre de 2012

¿Por qué corro ultras?. Experiencia y vivencias en mi primera ultra de 100 km.

Esta vez no seré yo quien realice la entrada sino un buen nuevo amigo que os contará lo que experimentó en su primera ultra de 100 Km.¿por que corro ultras?


Jose Escudero


Crónica de III 100 KM Madrid Segovia por el Camino de Santiago

Soy Ultramaratoniano.
Me siento bien por lo conseguido, me siento orgulloso de llevar a cabo aquello que me propongo pero ya lo he hecho, he podido con ello, aunque mi cuerpo muestra que no estoy preparado, mi mente sí. Y ese es el truco, la mente. Pero me siento más orgulloso de mis amigos y compañeros que de una gesta que, no quiero desmerecer, pero que se queda pequeña en comparación a la calidad de amigos que me rodean.
Si os digo la verdad me planteé los 100 km como una forma de encontrar ángeles en el camino, como siempre hago, pues en una carrera como esta las posibilidades de encontrar seres de luz es muy fácil, porque uno llega a límites en donde esos seres son más fáciles de apreciar.
Tras encontrarme con un buen  grupo de amigos, José Ángel Simón, Daniel Casaus y hacer alguno nuevo como José Iglesias, comencé la prueba.
Empecé solo sabiendo que me encontraría a gente conocida, charlé con un corredor del grupo de Villanueva, antiguo club de Beatriz Sabé,  me encontré con Jan, con quien tuve la oportunidad de hacerme unos kilómetros hasta Tres Cantos y aprender de sus conocimientos, luego continué sólo hasta Colmenar. Vuelta a encontrarme amigos y buena gente. Aprovecho para decir que lo mejor de la carrera por parte organizativa son los voluntarios. Cuánto bueno te encuentras dando un día entero para animar, dar de beber y atender a unos cuantos locos. Sin ellos las carreras no existirían.
Me pasó los primeros 20 km visualizándome llegando a la meta y recogiendo mi merecida medalla, ese fue un consejo de Beatriz Rey, y que me vino muy bien para pasar los malos momentos, cuando no podía más recordaba las imágenes que visualicé y pensaba “si ya he visto que recojo la medalla, no puedo dejarlo aquí”.  No recuerdo en qué punto me encontré con Super Belén Díez, su sonrisa ilumina 100 km a la redonda, siempre es un placer recibir su energía.
Salgo de Colmenar hacía el siguiente punto y un corredor me dice que si podemos ir juntos, le digo que sí. Toño, se llamaba, charlamos un rato y continuamos por los polvorientos caminos de una comunidad seca por la sequía. Al rato otro corredor se nos apunta, “cómo vamos al mismo ritmo vamos juntos” dice. Bienvenido. Salvador se llama, curioso nombre para un ser de luz que tuvo mucho que ver para que tomase la decisión de seguir hasta Segovia.
Fuimos juntos un rato, hasta un poco antes de Manzanares. A Toño le salió una ampolla y se quedó en un puesto de socorro a que le curasen la herida. Nos cogió en Manzanares del Real donde le esperé junto a Pedro Álvarez Marcos. ¡Qué tío!. Me presentó a su sobrino, por cierto, no sé si con los nervios y prisas me despedí del pequeño, hazme el favor de darle un beso de mi parte. A los niños les hace mucha ilusión ayudar a dar botellas, o poner los sellos en el pasaporte Compostelano, y ahí estaba el jovencito orgullosos de su tío, currando como un jabato. Después de despedirme de Pedro me fui con una extraña sensación de paz y compañerismo, cuando me despedí me miró a los ojos y me dijo. “Tu llegas a Segovia” sabía que yo llegaría. Pero también vi en él algo que yo ya sabía, la luz y la energía de las personas delata a los ángeles encarnados en personas y Pedro es uno de esos mágicos seres de luz.
Seguimos en la carrera y a Toño le da un tirón, le ayudamos como podemos, tanto Salvador, como José Iglesias, otro ángel que conocí el día de recogida del dorsal. Le dieron chuches, reflex y siguió, cada vez resintiéndose más. Salva y yo nos veíamos con la duda de ir con él, aunque sabíamos que no iba a llegar, no queríamos dejarle, pero por otro lado sí íbamos a su ritmo es muy posible que no llegásemos a la hora a la meta. Salva se alejaba, yo me esperé a Toño y le dije que nos perdonase, que tirábamos sin él, que le veríamos en Mataelpino, le vimos que llegó desencajado y creo que se quedó ahí. Nada más llegar se fue a la enfermería. No sé más de él.
Volvemos a encontrarnos con José Iglesias, quedamos en vernos en Cercedilla para enfrentarnos a la noche juntos.
Yo sigo con Salva, hablamos, escucho sus consejos, según arece corre ultras cada dos meses, es u tipo experimentado y muy cabal. Él corrió la edición anterior de la MS y me decía los puntos malos donde ser conservador, como enfrentar la carrera. En un punto al poco de dejar Mataelpino se reunió con nosotros Alberto Gaya, un joven sacrificado que ha hecho posible que yo tomase la decisión adecuada en el momento justo. Él ha sido quien me escuchó paciente cuando decidí retirarme, quien me contaba los chistes para que me olvidase de la pájara que me dio en La Barranca. Pero no adelanto acontecimientos.  Salva, Alberto y yo  seguimos, pero como veo que yo no puedo seguir el ritmo de Salva le digo que se marche, que yo me quedo con el ángel Alberto.
Vamos solos por la peor parte del recorrido hasta Cercedilla, como dije antes me dio la pájara. Era el km 60 aproximadamente.  Pensé en abandonar, Alberto me animaba a seguir, “Una retirada a tiempo es una victoria” le respondía. Alberto sonreía y miraba con cara de pícaro. Bueno, no tomes la decisión ahora, espera a Cercedilla. Sufrí un poco más de lo que pensaba tal y como llevaba a carrera hasta ese momento, uno se cree que por llegar bien al kilómetro 50 ya está terminada, pero no, quedaba lo peor. Todo el mundo habla del famoso hombre del Mazo del kilómetro 30 del maratón, pues debe ser que se ha venido a joder a los ultras en el km 60.
Para no hacer la historia más larga, llegamos a Cercedilla y veo a José Iglesias y a Salvador. Les digo que me retiro y Salva me dice “Así como te dije que Toño no llegaría mucho más lejos, tú has llegado a Cercedilla. Come, descansa y verás cómo puedes llegar a Segovia”
Mis piernas iban muy cargadas, sentía los pies hinchados, pero no tenía ampollas ni calambres.
Hablé con mi mujer y mi hija, quien llorando me pidió que no hiciese tonterías, que si viese que no puedo seguir que me retire… mi mujer me confirmó que se había pasado llorando el viernes por la noche (yo me fui a la cama antes que ellas) y toda la tarde del sábado. Me puse a llorar con mi hija “no llores, que no me pasará nada”. No cometeré ninguna locura, como si hacer 100 km en 24 horas fuese cosa de cuerdos. Leí los mensajes de watssap y Facebook de todos mis amigos, escuché los mensajes de los colegas. Pensé en Salvador, Hablé con Alberto y decidí seguir. Vusilizo la meta. Y haciendo un rápido análisis decido seguir hasta el final.
Y he aquí la reflexión de la carrera, toda la energía que todos me habéis mandado. TODOS. Ha hecho que pudiese llegar a la meta.
Tengo que decir que la subida a Fuenfría no se hizo tan duro como esperaba, el frescor de la noche, el no percibir la dureza de la subida por la falta de luz, el parar a observar Madrid desde el Mirador de la Reina y sobre todo la compañía de Alberto me hizo ese trayecto muy fácil. Lo peor fue bajar. Los últimos 20 km fueron interminables. Se me hicieron eternos, Alberto, pese a su juventud y osadía, empezó a notar el cansancio, fruto de ir al ritmo de un paquete como yo. Fue a mi ritmo en la bici, pero mucha parte, casi 30 km empujándola bici al lado mío. Alberto me ha sorprendido gratamente, me ha conquistado para el resto de nuestras vidas. La noche une, los esfuerzos también, tu solidaridad y compañerismo, tu alegría, tu vitalidad y tu gran corazón me hicieron llegar a la meta, junto a toda la energía de mis amigos.
Quedaba un kilómetro para llegar a la meta, estábamos en Segovia, y me emociono, me pongo a llorar, me llama Carlos Siguero a las 6:30 AM creo. Sus palabras me emocionan y sigo llorando como una madalena. La mano de Alberto en mi espalda como cómplice. Lo has logrado, me dice…”lo hemos logrado” le digo.
Vemos el Acueducto, llegamos a meta. Medalla y chocolate con madalenas que comparto con mi gran ángel del día.
De vuelta a Madrid, en el autobús hubo dos corredores que se sintieron indispuestos, una hipertensión por falta de riego en el cerebro y otro diabético, que se pusieron a sudar y se quedaron blancos, pero gracias a que había otro ángel médico por allí se pudieron salvar de una mala jugada.
Mi idea, como dije al principio, era buscar experiencias extremas, encontrar ángeles en el camino, pero lo que he percibido es que lo ángeles los tengo siempre muy cerca de mí. Empezando por Carlos Siguero, desafortunadamente tuvo una lesión que no le permitió correr esta carrera, con la ilusión que tenía, lo bien preparado que iba, pero eso sirvió para que me regalase el dorsal a mí. (todo pasa por algo Carlos, ya sabes todo el amor que te tengo, eres muy especial para mí, me ayudaste a terminar un maratón y has hecho posible que pudiese estar aquí, tener la experiencia extrema de los 100 km de Madrid a Segovia por una lesión tuya…si no, no hubiese podido hacerla) Beatriz Rey, como son las energías, como te he sentido, gracias a tus consejos, a tus mensajes, a tu amor he conseguido romper muchas barreras. Has sido mi ejemplo a seguir y lo seguirás siendo, pero por favor, no me líes para más carreras en n tiempo o me borro de facebook J.
Y por no dejarme a nadie en el tintero, no pongo nombres pero todos y cada uno de los que habéis puesto un pequeño pensamiento en mí, los que me habéis escrito unas palabras de apoyo a través de diferentes medios, los que habéis corrido mandándome vuestras energías, a todos vosotros os quiero decir que TODOS hemos hecho la carrera. Os he tenido en mi mente y os he llevado en mi corazón. Cuando no podía más, e incluso ya más tranquilo cuando he llegado a casa el domingo por la mañana, he leído vuestros mensajes y se me han saltado las lágrimas.
¿Qué queréis que os diga?  Una prueba de este tipo hace que salga lo mejor de nosotros mismos, y yo, ahora que estoy hinchado y dolorido, solo puedo daros mi agradecimiento y amor incondicional. Porque hoy creo en la especie humana, creo firmemente en el amor incondicional, creo que la mente y el amor pueden mover montañas,  si no las podemos mover las cruzamos andando o corriendo.
Hoy es un buen día para estar orgulloso de los amigos, porque todos estás cuando os necesito. Hoy todos habéis sido ángeles para mí.
Un recuerdo muy especial para los colegas que no han podido terminar. Todo pasa por algo y lo mejor es que en vez de castigarnos psíquicamente veamos el mensaje. Con todos mis respetos, vuestro esfuerzo y sacrificio no sirve sol para llegar a la meta, el aprendizaje está en el camino, en la preparación. Vuestros blogs, vuestros comentarios, vuestros éxitos y vuestros fracasos, que yo no lo definiría así, son enseñanzas para muchos de nosotros, humildes paquetes corredores. Gracias por compartir vuestra sabiduría y experiencias con nosotros.
Bueno, puedo decir que soy ultramaratoniano pero, ¿y ahora qué? Seguiré buscando señales que me indiquen que pasos debo seguir.
Gracias de todo corazón a todos. Estoy lleno de amor

2 comentarios:

  1. Enhorabuena por la carrera. Si sigues los consejos de Salva irás a la MIM.
    ¿Alguien tiene una foto en la que Matasanos no salga sonriendo?

    ¡Larga vida ultratail!

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  2. Faljau, al final tendré que cobrar comisión por inscripción en la MIM. Tienes razón siempre salgo sonriendo, pero creo que la mejor manera de afrontar dificultades y retos es con una actitud positiva y sonriendo para engañar al cerebro y hacer la dificultades más llevaderas y fáciles de superar. ¡¡ mira que soy raro¡¡¡

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