domingo, 17 de abril de 2016

Os acordáis cuando...


...el arco de salida lo montaba la inoportuna lluvia de la tarde anterior.



...o cuando no todos los del mismo equipo vestían igual.



...cuando la lista de participantes a penas superaba el centenar y cabían en cualquier callejón.



...cuando siempre había tiempo para una alto, una sonrisa, un great shot.



...cuando los paisajes eran suficiente motivo.





...cuando los pinos superaban con creces en número al de sus extraños visitantes.



...cuando el esfuerzo requerido en algunos tramos se podía imaginar.



...cuando uno podía decidir, parar un instante, cerrar los ojos, respirar, sentir, dejarse atravesar.



...cuando estaban permitidos los avituallamientos offshore...



...por sorpresa, sin avisar, en el punto más alto y más duro, cuando más fría estaba...



...cuando más te puede apetecer un suplemento, que te alegre, te reanime, te haga volar.



...cuando podías trotar kilómetros y kilómetros de senda sin cruzarte con nadie.



...cuando a metros de la meta te parabas, felicitabas al compañero y regalabas un minuto de tu crono en memoria del disfrute, del respeto al entorno, que nos había regalado una mañana tan brutal.



...cuando las seguidoras te recibían con una sonrisa y otro botellín bien frío de la misma Golddamm.




...o cuando tras la ducha se juntaban participantes y familiares en la misma mesa del pabellón del pueblo, a reponer fuerzas, recordar la mañana y a fotografiar todos juntos el instante, como presagiando que esto en el futuro no sería tan sencillo de realizar.




La Iglesuela del Cid, un lugar muy especial.





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